Extranjero; que te invito a estos senderos solitarios de esta tierra
misteriosa. Es a ti a quien me dirijo, por si alguna vez eres
arrebatado por un espíritu de misterio, no digas que no sabías y que
por egoísmo no te lo dijeron. Voy a relatarte brevemente lo que te
puede acontecer mientras estás en esta tierra legendaria. Si alguna vez
se te ha erizado tu piel y puesto de punta tus cabellos, no esperes que
te suceda menos, cuando veas a una hermosa mujer, modelo de escultura,
que te espera en su camino para brindarte su amor y llevarte luego a
sus brazos, a donde no has de volver. Es pues la leyenda de la Xtabay ,
la que quiero relatarte, una aparición que es hermosa, inmensamente
bella y suele agradar a quienes caminan por los caminos del Mayab. La
Xtabay era en realidad Xkeban que quiere decir, prostituta, mujer mala,
o dada al amor ilícito. Decían que la Xtabay estaba enferma de amor y
de pasión y que todo su afán era prodigar su cuerpo y su belleza. Ella
es la mujer que después de muerta ha venido al mundo a repartir amor,
que por egoísmo no quiso hacerlo en su primera vida. La Xtabay, el día
que la veas la seguirás como un corderito, mansamente, sin saber lo que
te espera; es la mujer con quien has soñado siempre. Si jamás la has
visto y alguna ves la encuentras hecha realidad ante tu vista, será en
noche de luna, sentada al pie de la más frondosa Ceiba, (árbol sagrado
para los hijos del Mayab) ella, te atraerá con cánticos, con frases de
amor, te embrujará y verás su rostro como el blancor de la azucena
cuando recibe el beso del astro de la noche, clavará en ti su mirada.
Luego te sonreirá con ternura mientras peina su larga cabellera negra,
te seguirá, hasta que consiga atraerte, te seducirá y al fin te
asesinará en el frenesí de un amor infernal. Después tu cuerpo
destruido, aparecerá al día siguiente con las más horribles huellas de
rasguños, mordidas y con el pecho abierto con uñas como garras. Aún quedan muchas Xtabay, no necesariamente lo destrozan a uno, pero de mujeres hermosas también está lleno este mundo.
Vi o Coração quando jovem, quando puro, rindo e sonhando dia e noite, noite e dia, como se a Vida, a Morte, o claro e o escuro se resumissem em prazer e alegria.
Hoje, velho e partido pela Vida amargurada, sem glórias, sem ânsias, sem desejos, vesano órgão, cambaleia pela estrada, sem sonhos e algente de sobejo.
Melhor fora Coração não ter havido: sem este ingrato o peito seria de sentimentos e tramóias desprovido.
Antes, vi aurora de intensa euforia. Agora, tendo a Vida esmorecido, só vejo a Morte, lúgubre, sombria...